domingo, 15 de diciembre de 2013

Crítica de 'El Hobbit: la desolación de Smaug': Las ataduras del libro.


Dirigida por: Peter Jackson  Intérpretes: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Evangeline Lilly, Orlando Bloom País: EE.UU  Duración: 161 min   Género: Aventuras 

Valoración:  4/5
Los enanos liderados por Thorin continúan su camino hacia Erebor en 'El hobbit: la desolación de Smaug', la segunda parte de la adaptación de Peter Jackson sobre el libro de Tolkien. Nueva entrega que venía con mucha expectación por ver de qué era capaz el director neozelandés después de las malas críticas recibidas por 'Un viaje inesperado', de las que no estamos nada de acuerdo.

'La desolación de Smaug' es muy diferente a la primera parte. Los añadidos a la historia del director están mejor situados y pausan menos la historia que como lo hacían Elrond o Radagast en la cinta anterior. Las novedades introducidas tienen su razón de ser y completan una excepcional segunda parte, mejorando a 'Un viaje inesperado' y recordando los maravillosos momentos que hemos vivido en la Tierra Media.

Hay muchos cambios respecto al libro, pero mucho menos importantes que lo que se está diciendo en la prensa. No son más agresivos que los que ya hizo con 'El señor de los anillos' y, por casualidad o no (seguramente no), 'La desolación de Smaug' emerge como una formidable película cuando Jackson decide por completo quedarse con la esencia de 'El hobbit' y dejar volar su imaginación y fantasía para redondear y perfeccionar una historia que, no olvidemos, no es más que un cuento.


Yo soy de los que opino que la división en tres películas es una idea buena, porque permite explorar más ese universo tan bonito que es la Tierra Media y tapar algunas lagunas que tiene el libro, pero sí es verdad que la decisión tomada en el último momento ha producido alguna mella en la película. Los primeros veinte minutos adolecen de coherencia, las acciones son atropelladas y hay sensación de querer quitárselos de encima. Deberían formar parte del final de la primera, y al añadirlos a la segunda, han tenido que ser reducidos, lo que ha producido escenas de acción rematadas con fundidos en negro y una esperada aparición de Beor que cuando queremos darnos cuenta, ya ha desaparecido.

A partir de este momento, con la captura de los enanos por parte de los elfos, la cinta mejora sustancialmente, hasta el hecho de alcanzar cotas de calidad de la pasada trilogía. Jackson controla el ritmo a la perfección durante el resto de la película, salvo con la llegada a la Ciudad del Lago, donde sufre una caída de ritmo alarmante, con una mayor presencia de Bardo por la necesidad de otorgarle más protagonismo por los hechos que veremos en la tercera parte. Las mismas situaciones una y otra vez y todo parece un bucle hasta que por fin llega el momento de conocer a Smaug, un trabajo de animación perfecto y una escena que mejora sin duda al encuentro con Gollum en la primera parte.


 Lo malo, es que Jackson debió mirar el reloj y pensar que 161 minutos ya eran muchos, y pega un corte final bestial que a más de uno le vendrán ciertas palabras a la mente contra el director. Un golpe en los bajos a los espectadores que, por un lado, otorga al inicio de 'Partida y regreso' una dosis de acción brutal, pero que deja a 'La desolación de Smaug' sin un final reposado y de espacio de reflexión para el espectador, que termina la proyección con la adrenalina por las nubes.

En cuanto al resto de personajes, hay decisiones acertadas y otras no. Como hemos dicho antes, la extensión de minutos para Bardo es comprensible, pero falla en la ejecución, haciendo aburrido cada vez que sale en pantalla. Gandalf se lleva esta vez lo peor de la película. Es interesante conocer el porqué el mago gris no está con los enanos en la batalla (hecho sin respuesta en el libro) pero su historia en Dol Goldur es aburrida, intrascendente y hasta inverosímil. Vemos ante nuestros ojos una casi representación de Sauron, la más personificada, cuando en 'El señor de los anillos', con suponemos mucho más poder, no pasaba de ser un ojo con forma de hucha.


Lo que sí hay que alabar de Peter Jackson es la idea de introducir a Tauriel, una elfa del bosque inventada por él, que abre un nuevo camino a la película, dando una profundidad y complejidad de la que adolecería sin ella. Bien relacionada con los enanos y que sirve de nexo de unión con Legolas, que protagoniza unas increíbles escenas de acción y su participación en la historia resulta más necesaria e importante que las vistas por Elrond, Galadriel o Saruman.

Si algo destaca de 'La desolación de Smaug' son las escenas de acción. Jackson demuestra que es quizá el mejor director en estos lares. La escena de los barriles y la pelea con Smaug son impresionantes, bien realizadas, coreografiadas y con la oportuna duración. Es verdad que los enemigos y la mayoría de escenarios son realizados por ordenador, que deja una sensación de ser una trilogía menos trabajada que 'El señor de los anillos', donde todo era un trabajo de maquillaje y construcción hasta de ciudades enteras, que tuvo unos resultados perfectos, y que al desarrollarse los hechos en el mismo lugar, la Tierra Media, da rabia que no se optara por el mismo camino y la explosión de los efectos especiales haya calado tan hondo.


Pero es gracias a la tecnología por la que es posible ver El hobbit en 3D a 48 fps. Una increíble experiencia visual, la mejor forma de disfrutar la película. Está rodada y pensada para ello, por lo que de otra manera siempre se pierde algo. Las escenas de acción se componen de planos secuencia y planos muy rápidos de movimientos que están pensados para disfrutarlos en 3D y dar la sensación de estar viviéndolo en primera persona. No dejaré de aconsejar verla en este formato, que además con los 48 fps tiene una calidad de imagen no explicable hasta que se ve con los propios ojos, como si no hubieran sido grabadas con una cámara.

'El hobbit: la desolación de Smaug' es una sobresaliente película de acción, que mejora cuanto más se aleja del libro y de la historia creada por Tolkien. Escenas increíbles de acción, un ritmo más trepidante que su predecesora y un perfecto puente hacia el final de la historia, que será el 17 de diciembre de 2015.